jueves, 13 de junio de 2013

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.

Esta entrada originalmente fue publicada en la sección de literatura del foro Lolita in Wonderland.

“¿Es el lolita un movimiento romántico?” - dijo la reportera. “Yo creo que si, mucho, es como El Principito; ese niño que está en el mundo de los adultos pero que yo creo que comprende más el mundo que los propios adultos” -contestó Merkades.

Aunque me cueste reconocerlo, hasta hace relativamente poco, no había leído esta espléndida obra, pero ante la premisa realizada por esta madrileña en un reportaje televisivo no pude hacer otra cosa que lanzarme en busca del libro y devorarlo en tan sólo dos días. Las expectativas eran muy altas, y más ante las comparaciones con nuestro ya adorado Lewis Carrol, y aún así estas fueron superadas con creces. El Principito es, sin duda, una obra realizada para todas esas personas románticas que buscan evadirse por momentos de la realidad, sin perder jamás el contacto con esta ¿Y qué somos las Lolitas sino eternas soñadoras?

Sólo con abrir la primera página entenderán a lo que me refiero, el autor ama por encima de todo la mente inocente de los niños, y al mismo tiempo admira y venera a aquellas personas adultas que han sido capaces de mantener con vida al niño que una vez fueron. Un claro reflejo de esto lo vemos, pues, en la dedicatoria del libro: 

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria: a Leon Werth cuando era niño.


Por ello, aún a sabiendas de que muchos de vosotros ya la habréis leído, quería acercaros un poco más a este tierno niño que tanto puede enseñarnos, mirar por la cerradura la vida de su autor e intentar conocerlo y comprender un poco más que le llevó a regalarnos las palabras más hermosas que podía componer.

Antoine de Saint-Exupéry, el autor de la obra, nació en una familia muy bien acomodada, hijo del conde Jean de Saint-Exupéry. Tuvo tres hermanas y un hermano, quien falleció a los 15 años, lo cual tiene grandes paralelismos con el final de “El Principito”. 

“Nuevamente me sentí helado por el sentimiento de lo irreparable. Y comprendí que no soportaba la idea de no oír nunca más esa risa, que era para mí como una fuente en el desierto.”

Se comenta que comenzó a escribir relatos con tan sólo seis años de edad al caer perdidamente enamorado de una niña llamada Odette ¿Os suena este nombre? Pero además de su faceta como escritor, Antoine era un famoso aviador ¡El gobierno francés llegó a condecorarlo por rescatar prisioneros en el Sáhara! Así podemos deducir que el narrador de la novela no es alguien elegido al azar, sino es el propio autor el que escucha y nos trasmite las lecciones de El Principito. Esto no es casualidad, ni mucho menos; lo que busca aquí Antoine poniéndose a si mismo como aprendiz es que sea el lector el que se identifique con este personaje, es nuestro personaje dentro de la novela y deja en evidencia como vemos las cosas,y como en realidad deberíamos verlas.

Porque el rey cuidaba especialmente que su autoridad fuera respetada. No toleraba la desobediencia. Era un monarca absoluto. Pero, como era muy bueno, impartía órdenes razonables.

"Si yo ordenara – decía habitualmente - si yo ordenara a un general convertirse en ave marina, y si el general no obedeciera, no sería la culpa del general. Sería mi culpa."


Durante su vida se estrelló en numerosas ocasiones, en 1935 cayó en el desierto del Sáhara. Él y el mecánico que lo acompañaba sobrevivieron a la colisión, pero tenían muy pocas provisiones; se quedaron rápidamente sin agua. Sus suministros les duraron sólo un par de días; por el intenso calor del desierto, sufrieron alucinaciones y rozaron los labios de la muerte . ¿Qué mejor que esta experiencia para inspirarlo a escribir el primer capítulo de su obra maestra? 

“Lo que hace bello al desierto es que en algún lugar esconde un pozo.”

No puedo realizar un artículo sobre este relato sin mencionar a La Rosa, el objeto más preciado del Principito, ¿Sabéis que Consuelo, la mujer de Antoine, nació en El Salvador? Esta tierra es conocida como “La Tierra de los Volcanes”, y si recordáis el asteroide B 612, donde se encuentra la Rosa, está rodeado por tres volcanes. Así pues, vemos las dudas del autor sobre el matrimonio y la fidelidad en el pasaje en el que El Principito descubre un campo de rosas en su visita a la Tierra. Para finalmente sentenciar su amor por su única rosa.

"Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa."


No quiero alargarme mucho más, así que os contaré unas últimas cosas que el autor refleja en su obra de su vida personal ¡Me dejaré muchísimas en el tintero! Así que os animo encarecidamente a que aportéis vuestras curiosidades favoritas. Prácticamente todos los que leemos el libro sabemos que las ilustraciones fueron realizadas por el autor, pero pocos son los que saben que antes de volverse piloto, Antoine estudió Arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de Francia, aunque nunca terminó la carrera. Nunca se consideró bueno en el dibujo y hace burla de esto al inicio de la obra, al igual que de las críticas que recibió por querer dedicarse a este empleo. 

“Tuve entonces que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. Volé por todo el mundo. Y la geografía, efectivamente, me sirvió mucho. Sabía distinguir, del primer vistazo, China de Arizona. Es muy útil, si uno está perdido durante la noche.”


Aunque esto sucediese mucho después de la composición de la obra, creo que es importante recalcar una última cita del autor, de hecho, la última vez que éste nombró a El Principito.

"No hay más Principito, hoy día ni jamás. El Principito está muerto o se volvió totalmente escéptico. Un Principito escéptico no es más un Principito. Estoy resentido con usted por estropearlo, no habrá más cartas, teléfono ni señal. No fui prudente ni pensé que arriesgara pena, pero me lastimé en el rosal cogiendo una rosa. El rosal preguntará: ¿Qué importancia tenía para usted? Ninguna, rosal, ninguna. Nada importa en la vida. No más vida. Adiós rosal"


Esta sentencia de muerte de su amado niño extraterrestre iba dirigida a su último gran amor; una joven de 23 años, oficial del ejército francés, casada y embarazada, cuyo nombre fue mantenido en secreto, que nunca correspondió el amor de Saint-Exupéry. Dos meses después de escribir esto, Saint-Exupéry desapareció misteriosamente para siempre cuando pilotaba un avión sobre Francia, en una misión de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial.

Ya os digo, estos no son ni un ápice de los retazos que el autor dejó reflejados en la obra de su experiencia propia, pero espero que como mínimo os haya animado a indagar un poco más en su biografía y así descubrir nuevas anécdotas ¡Y por supuesto compartirlas! Por otra parte, os animo a dejar vuestras citas favoritas de este libro, pues las mías son interminables, y así seguro que tendremos un rinconcito donde poder volver a leer la sabiduría de El Principito y ¿Por qué no? Puede ser curioso saber cuán diferentes somos eligiendo una u otra. Así pues me despido, con mi cita favorita;

“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres.”

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