viernes, 14 de septiembre de 2012

Seis años después reapareces y hablando sola.

Muchas veces me pregunto como será el café que tomaremos el día que volvamos a vernos, ahora que la esperanza de verte se ha largado dando un portazo, ahora que los aeropuertos no huelen a ti.

Quizás tomemos un café barato, un café tan amargo que moleste, y sólo pensemos en acabarlo y así terminar con la tonta canción de ascensor que entonamos. Puede ser. Quizás abusemos del azúcar, quizás este tan dulce que mate el sabor del café, y así recordemos el futuro de los dos -diciendo lo maravilloso que una vez fue- pero que ninguno piensa seguir con lealtad. Puede ser. Quizás sea un café aguado, que refleje tus ojos de pena mirando los míos, porque ya no nos comprendemos, y lo único que veamos sean las ganas de reconocernos. Puede ser.

Pero también puede que sea un café a medias, del que no importa el sabor, y subamos las escaleras y vuelvas a romperme la falda y que las gaviotas vuelvan a volar, y tus manos vuelvan bajo mis bragas. Y terminar así, terminar así para siempre.

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