martes, 31 de mayo de 2011

Lolitas y feministas.

Pensé que era una broma, una de esas inocentadas tan frecuentes en estos días, pero resulta que es verdad. Hace años ya, una columnista de mi querido diario Público (digo esto sin ironías), Nativel Preciado se sumaba a la incipiente oleada, por aquel entonces, de periodistas desinformados que se atrevían a verter opiniones del todo carentes de fundamento sobre la entrada España de las diferentes aportaciones de la cultura japonesa a la generación más cosmopolita que ha conocido este país.


Por suerte, o por desgracia, he topado hoy con dicho artículo, generando en mi de nuevo está ya recurrente aversión a aquellas que se hacen llamar feministas, pero no lo son. Aquellas mujeres que en pos de defender, supuestamente, la igualdad de género terminan tachando y juzgando a aquellas mujeres que no cumplen su estereotipo de "mujeres luchadoras", aquellas que confunden feminidad con  machismo, y por desgracia, me he encontrado con demasiadas mujeres como esta a lo largo de mi vida.


Así llega mi doble ofensa; yo cuando defiendo la igualdad de género la  defiendo como "igualdad de derechos", para lo bueno y para lo malo. Mi forma de vestir no tiene porque adaptarse, o desligarse, de lo que el santo varón me propone; no quiero ser ni una femme fatal, ni una "perro flauta". 


Así, el lolita para mi se traduce en libertad; en parte de mi libertad, entendiendo así que para muchas no lo sea. Cuando vi por primera vez una lolita, me enamoré de cada uno de sus detalles y me sumergí de lleno en esta corriente que tantas sonrisas me ha regalado. Precisamente el lolita surge como crítica a la sociedad occidental que contaminaba el Japón de los años 70, intentando romper con aquel movimiento que obligaba a la mujer a vestirse sexy y provocativa para el hombre. El lolita, y otros muchos estilos que surgieron por aquel entonces, fue su manera de decir "Me visto en función de mis patrones,  y no de tus tendencias". Eran mujeres que en lugar de "quemar los sujetadores como símbolo de la opresión femenina" -lo cual es también perfectamente respetable y digno de admiración- prescindían de minifaldas y escotes porque querían demostrar que eran mucho más que eso, así que llamarlas opresoras del género femenino, me parece cuanto menos insultante.


No exageremos, con esto no pretendo decir que "el lolita es un verdadero movimiento feminista y somos super revolucionarias", como en todas partes, hay de todo y prueba de ello es este artículo, que una vez más alimenta la incultura y hace que señoras como Preciado vomiten pestes incongruentes y sin argumentos sólidos. Las lolitas no buscamos reprimir nuestros impulsos y personalidad, ni dar un paso atrás en los derechos que hasta hoy hemos ganado, sencillamente, defendemos la feminidad, la educación y la cultura, y hacemos de ello parte de nuestro estilo de vida; sin dramatismos, sin necesidad de dejar de beber alcohol, de actuar como muñecas o saber bailar bailes de salón. 


Y para terminar, y romper una lanza a favor de Público, os dejo este artículo de Rebeca Fernández, hecho desde el respeto y el interés. Buenas noches, días, tardes, o lo que sea cuando me leas (:



2 comentarios:

  1. Vaya, y yo sin saber que tenías un blog...
    Me ha encantado esta entrada. Creo que es una crítica bastante importante de todo lo que dice la gente sobre las lolitas, sin saber.

    P.D: Ambas seguimos siendo unas golfas con pettit y sin pettit, y lo sabemos XDDD

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