martes, 29 de marzo de 2011

XXII

La espuma de la ola que perece, que entre mis dedos se suicidase. Como aquel perfume que estremesiome del que tan sólo pude guardar lo que se siente, pues su fragancia efímera y latente quedó relegada en el tiempo a la magia del espacio que partir te viese. Todo eso eres tú; el sino del espíritu que lucha contra una celda, la libertad que hay en la cadena perpetua, el viento que mueve sin que nadie lo vea, y el libro, que exiliado deje sin leer, por miedo a sus últimas letras. Y soy yo el condenado, el que espera, el que forjó su propia condena. El que en soledad alegra su espíritu recordando el "Erase una vez que se era..."

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