domingo, 16 de enero de 2011

Cuando hace falta nunca retrasan los vuelos...

Por suerte, puedo cerrar los ojos fuertemente y recordar el momento que vi tu sonrisa por primera vez… Entraste al local sin ser invitado, igual que posteriormente hiciste en mi vida, y desde aquel momento la sucesión de acontecimientos se hizo imparable, llegaron los barcos y los aeropuertos,... 


Puedo cerrar los ojos y recordar como ese día esperamos a que los bares cerrasen, como lo estaban también por aquél entonces algunos rincones de mi alma, y vagamos por la que luego sería también mi ciudad. Aquel día, por primera vez estábamos juntos cuando amaneció, con un sol que anunciaba lo que sería el principio de nuestra felicidad. Ahora, cierro los ojos y sonrío.

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