domingo, 30 de enero de 2011

Benijo.

"La magia de un lugar como aquel no podía cuantificarse, pero debía ser un número inversamente proporcional a la escasa probabilidad de la simultaneidad de nuestra presencia en aquella playa."

Nací enamorada de un lugar, de alguna manera existía una predisposición innata para que así fuese. La primera vez que pise la playa y respiré el aire contaminado tan solo por salitre supe que todo allí era casualidad, tan solo la aleatoriedad podría crear un sitio tan bello. Quizás Benijo sea una bella metáfora de la vida, donde un largo y complicado camino nos premia con la puesta de sol más bella que podrás ver en tu vida, quizás Benijo solo sea la tonta interpretación de una niña enamoradiza de lugares con encanto.

Benijo es una playa, pero antes de playa, es amor y es música, y así me lo ha demostrado con el paso del tiempo. En abril del año pasado en Sevilla, donde viví momentos de los más mágicos de mi vida, tuve el placer de escuchar por primera vez a Andrés Suarez, tras un largo concierto quiso regalarle al público una canción más y de nuevo entro la improbabilidad en mi relación con la playa.


Paso el tiempo y no encontraba la canción en ningún otro medio, la magia de aquel momento había quedado reservada a una sola ocasión. Finalmente, llego alguien muy especial que me volvió a mandar la canción ahora que tenía materialización en Internet, y como una de tantas, me devolvió la magia.

Y así, poco a poco, entre baños y besos se llenaron de sal los pliegues de mi espalda








¡Un saludo a Furúnkulo MC, un blogger que al ver que era de Tenerife, pensó en la canción de Suarez rápidamente!


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