lunes, 20 de diciembre de 2010

En la orilla.



Ella estaba sentada mirando como el mar se comía al sol en aquel atardecer, el suave viento bailaba con su pelo y sus pies colgaban descalzos. Parecía totalmente sumida en sus pensamientos, de vez en cuando apartaba una de las manos de sus rodillas y se apartaba un mechón de pelo de la cara, de resto no hacía ningún otro movimiento más que un leve pestañeo.


En silencio llego él, con unas viejas botas militares y una chaqueta de borrego, sin apenas hacer ni un solo ruido. Se sentó a su lado, respetando una distancia prudente. Ella sin apartar la mirada del frente lo saludo, era como si hubiese sentido su presencia ya que en ningún momento se giró para mirarlo.


-Hola, hacía mucho tiempo que no aparecías- le dijo.
-Lo sé, he estado bastante ocupado, de aquí para allá... ya sabes, mi nueva vida no me deja tiempo para nada- Hablaba de una manera, cuanto menos, peculiar. De manera autoritaria y como si no existieran los espacios entre las palabras, sin embargo, se le entendía a la perfección.-¿Qué haces aquí? Nunca espere encontrarte en un lugar como este, nunca fuiste alguien que acostumbrase a perder el tiempo.

Por primera vez ella se giró para encontrar su mirada, lo castigó con una cara de incredulidad y reproche, y no añadió nada, prefirió dejar que él siguiera estropeándolo todo, como solía hacer.
-No quiero que mal interpretes mi visita; no vengo a pedirte perdón, no vengo ni siquiera a recordarte lo mucho que te quise. -Hizo una pausa- Vengo porque no puedo permitir más esta situación, parece que todo lo que construí no sirvió para nada, simplemente te limitaste a abrir la caja de Pandora y autocompadecerte.


Cuando escuchó estas palabras dos lágrimas se deslizaron por su rostro, manteniendo la simetría en todo momento. Miró hacia abajo, vio sus pies colgando y debajo de ellos el acantilado, le encantaba no tener un suelo donde pisar, se sentía libre ahora que las tinieblas volvían a recorrer sus entrañas.

-No tienes ni idea de como me he sentido ¿Sabes por qué? porque tú ya no sientes, ya no recuerdas el dolor, ni la tristeza, ni siquiera el amor... porque no estás. Cuando te fuiste me di cuenta que solo era una creación tuya "un monstruo de Frankstein", y tal como hizo su creador, me abandonaste. Ahora, verdaderamente siento que no pertenezco a este mundo, muchas veces suelo plantearme que no estoy hecha del mismo material que el resto, o por lo menos no en las mismas cantidades, por eso me he planteado irme porque sentía que este no era mi hogar.

-¿Y piensas que el yo me sentía parte de él? En todo lo que hacía o decía gritaba a los cuatro vientos "Miradme, soy especial, soy diferente" Pero al final sólo somos carne, Raquel, sólo somos materia a la que un  día se les otorgó energía. ¿Crees que el resto de personas se consideran normales? Deja ya de pensar como un ente aparte, encuentra la sincronía con el mundo como la tuviste una vez conmigo, porque es la única manera de sobrevivir, acéptalo; acéptate como eres. Forma parte de él, porque es lo único que tienes.-


Estas palabras le hicieron cambiar inmediatamente, no cambio de postura, ni gesticuló de manera diferente, pero por alguna razón era obvio su nuevo estado de ánimo.


-Supongo que si, cuando aprenda a aceptarme como una más, cuando aprenda que el mundo no me trata de forma especial, que no pretende hacerme daño, quizás pueda seguir adelante, ¿Pero acaso no es peor?, ¿Acaso no es horrible pensar que eres normal?-
-No, porque en cualquier caso y pienses lo que pienses; no somos normales.- 

Por primera vez en muchísimo tiempo, se miraron a los ojos, y miles de recuerdos giraron entrono a ellos creando un círculo perfecto. Si no has visto nunca recuerdos bailar, no puedo definirlo, pero si algún día los ves sabrás a que me refiero.


-Realmente, mi vida ahora mismo se esta arreglando, hay cortinas amarillas otra vez. Pero ¿Sabes qué? Aún te quiero, aunque no como antes.-
-Y yo a ti, no sabes como me alegré cuando vi hace unos meses que volvías a quererme sólo como a un amigo, que alguien ocupaba mi puesto-
 -¿No te pusiste ni un poco celoso?- Contestó ofendida, entre bromas- Realmente no pensé que fuese a verte nunca más, creía que cuando la gente moría no volvía a visitarnos.
-Es que no he vuelto, sabes perfectamente que ni siquiera soy yo, solo soy la proyección de lo que tienes tú de mi dentro. Solo te digo lo que sabes que tienes que oír.


Ambos, sonrieron parcial y dulcemente, miraron al frente y el atardecer siguió su curso, y como si nunca hubiese estado él desapareció, ella volvió a quedarse sola allí sentada, sin inmutarse, como si nada hubiese pasado.



1 comentario:

  1. Me ha resultado medianamente perceptible que ya los personajes estaban muertos o al menos uno de los dos. El final tiene un poco de humor negro. xDDD

    - Israel Alexis

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