martes, 9 de noviembre de 2010

Lloran los relojes,...


A veces la Luna se va, y deja una noche fría y oscura, una noche sin rumbo donde caminar pierde sentido, donde levantarse no traerá ninguna consecuencia más allá del cansancio o indefensión. A veces la Luna sabe que tiene que irse, y ahí es cuando te deja un sendero marcado o un ángel que te guíe. Esta vez, Ella sabía que la noche iba a ser muy muy negra, y congelada, así que decidió regalarle tres ángeles y un sendero común.

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