lunes, 8 de noviembre de 2010

Con las ganas

Iba perdida por la ciudad, aparentemente sola e inmersa en sus pensamientos y en sus lágrimas, concentrándose en el dolor de su pecho siempre allí presente. Y fue cuando apareció él con su media sonrisa, la rodeo con sus brazos y le susurro que la pena dura tanto como quieras seguir llorando. No sabía de donde había salido, no sabía como había pasado, pero allí estaba en medio de la nada con ese tipo de persona que hace que tiemble el suelo donde pisa.

Le confeso que tenía celos de la luna, tan sola y siempre bella, le contó todo lo que por su corazón pasaba, le contó como las luces de la ciudad le molestaban, de como el bullicio de la gente la mataba poco a poco. Ella lo miró y decidió sincerarse del todo, contar el último recodo secreto que le quedaba. Y fue entonces cuando se lo dije; ¿Cómo no pude darme cuenta antes de que estabas tan cerca? No dejes de estrujarme,...

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